
Raimundo Gregoire Delaunoy y Miguel Miranda Brossard
Al iniciarse la cadena de 11 torneos por Sudamérica, más conocida como gira COSAT, una serie de aspectos aparecen en la mente de tenistas, entrenadores, preparadores físicos, organizadores de torneos, dirigentes, padres y familiares de los jóvenes.
Cómo viajará, dónde alojará y en cuáles campeonatos competirá. Los costos económicos, el tema de la logística y, finalmente, instalarse, para luego partir hacia otro destino, el siguiente desafío.
Otros comenzarán a especular con números. Cuántos lugares sería bueno que subiera, cuál será la suma final de puntos acumulados al terminar la gira o si será capaz de levantar una copa de campeona. ¿clasificará a la Gira Europea?, los puntos obtenidos, ¿le permiten estar en el Equipo ITF?.
En paralelo, estarán quienes apuntarán al crecimiento como deportistas de las y los tenistas que viajan. Desde una parte meramente técnico - deportiva, ver cuántos progresos evidencia una persona con la raqueta en la cancha. Qué tanto ha servido el entrenamiento, las charlas técnicas y los diversos trabajos físicos realizados en forma previa. Desde la perspectiva más humana, ver si ha madurado como persona, si ya no extraña tanto a sus familiares, si realmente aprenderá a distinguir entre lo que ayuda a mejorar como tenista y lo que es nocivo, etcétera.
Finalmente, el tema económico. Cómo se podrá financiar la siguiente gira de torneos. Será en Europa, el norte de África o por Centroamérica. Y con cuánto se dispone. Todos esos asuntos que frecuentemente son problemáticos para la carrera de una persona dedicada al tenis.
Sin embargo, es importante que la experiencia de competir sea no sólo pensar en los recursos económicos, jugar un partido de tenis, calcular la suma de unidades ganadas o analizar el nivel de tenis alcanzado. Es por esto que quizás uno de los aspectos más importantes es transformar al circuito COSAT en una instancia de intercambio, aprendizaje y transformación personal. Se trata de entregar una visión diferente y un horizonte analítico variado. Por eso, la integración, en todos sus aspectos, es algo primordial a la hora de pensar en los 11 campeonatos que componen la gira organizada por la Confederación Sudamericana de Tenis.
En la medida que se cree un ambiente favorable, la motivación por estar presente en la mayoría o algunas de las etapas de este circuito será cada vez mayor. No es lo mismo ir a un torneo que entrega una amplia gama de valores agregados, que asistir a uno en el cual con suerte se puede estar tranquilo. No es lo mismo participar en un campeonato donde se pueda compartir e intercambiar ideas, a otro que ni siquiera genera encuentros interculturales. No es lo mismo, en los menores de 14 años, estar en una casa de familia, donde se comparte una sencilla cena familiar, quizá se salga a un sencillo y familiar paseo a ir entre el Club y el Hotel solamente.
Tener la posibilidad de recrearse, de conocer a sus rivales, que, paralelamente, son sus compañeras y compañeros de viaje. En este deporte algo solitario, se genera la curiosa situación que los contrincantes pueden ser, en muchas oportunidades, un sustento. Por eso es importante llevar a cabo actividades más allá del tenis. Un partido de fútbol, una comida al aire libre, ir a un museo, una fiesta o, simplemente, sentarse a conversar. Y siempre con la firme intención de generar ambientes de sana competencia. Que las envidias y los rumores de pasillo queden escondidos. Que brote un espacio de intercambios, para que las y los tenistas puedan dialogar. Que se generen amistades y cordiales relaciones humanas.
Hablar de fútbol, de cuáles selecciones clasificarán al Mundial de Sudáfrica 2010 y porqué, quién ganará el Abierto de Australia en mujeres y si Roger Federer podrá ganar de nuevo en hombres. Conversar sobre la historia y costumbres de sus países, recordar momentos especiales de giras realizadas hace algunos años o simplemente en Torneos Nacionales y discutir sobre música. Compartir una botella de agua mineral y saber un poco más de los demás. Ese es el concepto.
Así, con un mundo diverso y donde todos tengan cabida, sin duda alguna que las buenas intenciones y el grato entorno serán una gran motivación para que miles de tenistas sigan intentando consolidarse en su camino hacia el tenis profesional.
Que el circuito COSAT sea un gran aporte en el tenis, pero en todo sentido. Una mirada holística, para que Sudamérica entregue al mundo grandes tenistas y mejores personas.
Entonces, a trabajar, porque he aquí un gran desafío.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada